Pensamientos de un amargado en Caracas
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Jueves, 25 de agosto de 2005

Tal como me comentaron con anterioridad hay raíces profundas para la patología que vivimos hoy en día los venezolanos (y seguramente es similar en otros pueblos del mundo). En nuestro caso cabe recordar por ejemplo que tener un título de algún tipo o pertenecer a alguna familia de renombre era lo que en tiempos de la colonia y post-colonia te permitía ser “alguien”, de lo contrario eras considerado “perraje” o “chusma” sin mayores derechos. Esa división iba (no siempre pero si muy frecuentemente) atada a una supuesta condición racial superior. Se llegó incluso al extremo de comprar títulos o hasta genealogías para ser alguien en esta sociedad. Esa conducta y sus consecuencias se han mantenido subyacentes en nuestra psiquis social y hoy en día se manifiesta aunque de distintas formas. Una de ellas es la adoración a los “símbolos de estatus”. Ojo el problema no es que existan los símbolos, sino el uso que se hace de ellos en muchas ocasiones por parte de los VPI para despreciar o desplazar a otras personas. Un ejemplo es el comentario de un amigo quien le dijo al otro “mira y que pasa, te está yendo mal, porque sigues con el mismo carrito?” (es un Corsa de los nuevos) la idea de fondo es que si no cambias de carro en un tiempo “socialmente aceptable” entonces quiere decir que estás mal y las miradas hacia ti comienzan a ser de conmiseración. Esta es una actitud que combina lo subyacente histórico de tener cosas mejores no para vivir mejor sino para sentirte superior a los demás junto con la manipulación publicitaria que presiona a las personas a cambiar de productos con rapidez aún cuando los mismos sigan siendo totalmente útiles y estén en perfecto estado. Ese es el juego de aceptación/rechazo social al cual se ven expuestas muchas personas y que las lleva a veces al extremo de pagar lo inpagable con tal de alcanzar el símbolo de estatus deseado. Esto se observa para ropa, celulares, carros, lugar de habitación, trabajo, etc. Es un proceso sutil de diferenciación que está amarrado igualmente a lo que comentaba anteriormente sobre política y que se convierte en otro mecanismo más empleado por el VPI típico para satisfacer su necesidad de sentirse más. Igualmente el mismo es empleado por las personas especialistas en manipulación para lograr conductas en las personas que no necesariamente se corresponden con sus necesidades. Creo que nos acercamos entonces a una primera importante conclusión sobre el peso de la publicidad en nuestras conductas absurdas al aprovecharse de la necesidad de reafirmación social heredada de una época de castas y clases sociales impuestas.
Por: David Herrera | En lo social | Comentarios (1) | Referencias (2)
es cierto lo que dices y es triste que eso suceda, para mi eso tiene mucho que ver con nuestra propia autoestima si no nos valoramos por lo que somos, los demas nos valoraran por lo que tenemos, como dijo Eric From en uno de sus libros TENER Y SER. gracias
nancy | 30-09-2005 02:34:31
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¿Reformar o reformarse? « El Amargado | 2007-11-26 15:43:14
[...] estatus: una franela negra con siete estrellas o una mano blanca, una franela roja con la cara del Che o el nombre de alguna misión, no para simbolizar la convicción de la posición política que se tiene sino fundamentalmente para PRO-VO [...]
Más sobre los símbolos de estatus « El Amargado | 2008-05-05 21:32:02
[...] este post anterior.
Esos símbolos pueden ser tangibles (ropa, celulares, carro, casa, lugar de trabajo, tipo de música, etc.) pero también pueden ser intangibles, y estos manifiestan de manera aún más clara el irrefrenable deseo del VP [...]