Pensamientos de un amargado en Caracas
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Martes, 06 de septiembre de 2005

Existe un fenómeno social muy curioso y que a mi particularmente me llama la atención aquí en Venezuela, consiste en la diferenciación que iguala, es decir, un persona por regla general quiere destacarse ¿verdad? ser diferente, ser único, distinguirse...pero en la práctica lo que hace es hundirse en una serie de elementos que lo iguala terriblemente. Su ropa, su forma de hablar, sus gustos, su forma de comportarse y hasta sus comportamientos estúpidos (cuando se trata de VPI) se igualan y confunden con una masa común que utiliza los mismos elementos igualadores. Por ejemplo viendo estos grupos de reggaeton (género comercial explotado hasta el asco por disqueras, medios y publicistas) o de hip hop que abundan en el país encontramos en su vestuario elementos exactamente iguales: gorras volteadas o derechas, dos o más franelas largas por fuera del pantalón, la mayoría de las veces de equipos de USA de baloncesto o béisbol (uno que otro utiliza una franela de algún equipo local para “marcar” la diferencia), o chaqueta sin mangas, lentes oscuros, badana en el cabello, zarcillos, pantalones a la cadera o paracaidista, zapatos de goma de colores brillantes y grandes suelas…Todo esto se consigue en grupos que QUIEREN DISTINGUIRSE pero que se visten y ven EXACTAMENTE IGUAL a cualquier otro grupo incluso de fuera del país. Esta “importación” de la expresión también la encontramos en sus gestos, actitud y forma de hablar. Utilizan gestos que corresponden a símbolos y códigos de cultores del Rap en Estados Unidos que llevan años usándolo pero no como forma de bailar un género musical sino como todo un lenguaje de identificación de clanes, grupos y territorios. Indudablemente esa gestualidad en nuestro país no tiene ningún sentido salvo hacer creer a quienes lo utilizan que están “moviéndose” como debe ser. La actitud desenfadada y medio agresiva que emplean para seguir su música está igualmente fuera de contexto y sobreactuada ya que proviene de otras latitudes en donde se confrontan problemas serios de discriminación racial y por lo tanto estos ritmos son una forma de protesta. Que sentido tiene eso en nuestro país en donde los problemas raciales no tienen la misma dimensión que en otros lugares. Su forma de hablar también los unifica y los vuelve una masa en lugar de permitirle a cada individuo tener una forma de comunicación distintiva. Otro ejemplo curioso ha ocurrido cuando surgen en nuestro país seguidores fanáticos de la cultura punk de origen británico y adoptan sus ropas, música y actitud sin conocer que muchos de esos punk originales pueden llegar a ser violentamente xenófobos especialmente con los latinos. En fin, contradicciones de gustos y tendencias que demuestran esa “carencia” de la cual habló el amigo Gustavo en ocasión anterior. Carencia de identidad, de orgullo de ser quienes somos y como somos. Yo insisto en que la presión publicitaria nos pone constantemente trampas para negarnos a nosotros mismos. Sino baste con apreciar la artificialidad física que caracteriza a las “misses” o los “mister” de concursos o las “grandes estrellas” de las novelas o los grupos “musicales” que resaltan los programas de variedades para intuir que tenemos un problemita serio de identidad y valores. Al principio (cuando nuestro hijo baila como un trompito cualquier ritmo sin valor artístico que esté de moda) nos da risa y como no, puede ser hasta inofensivo, pero cuando la avalancha propagandística lleva a ese bebé a negar su identidad a medida que va creciendo entonces se puede convertir en un problema serio de existencialismo, socialización, cultura y conducta humana.
Por: David Herrera | En lo social | Comentarios (1) | Referencias (0)