Pensamientos de un amargado en Caracas
Amigos:
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Viernes, 09 de septiembre de 2005

Una táctica de distracción o a veces de desgaste que utilizan los VPI es la llamada Cultura de la Quejadera, es decir, ante la imposibilidad de hacer trampa o tirársela de más vivo en una situación determinada el VPI aplica el “refunfuño constante” o el “gruñido en voz baja” para drenar su frustración de no poder demostrar su bravura o menospreciar a los demás. Ejemplo muy común: las colas de los bancos. El VPI típico piensa que cualquier gestión que deba hacer en un banco no debe tomarle más de 3 minutos, de lo contrario comienza a utilizar los enunciados de la Cultus Quejus: “esta banco si es lento”, “esta gente no sirve para nada”, “ponen puros nuevos en las cajas”, “la sucursal del centro es más rápida”, “tengo 7 horas esperando aquí y no me atienden que porquería” y así etcétera. Es común que en los bancos uno deba esperar más o menos tiempo, sin embargo dado que para esta gente su tiempo está por encima del de cualquiera entonces no han pasado 6 minutos cuando ya están comenzando a atormentar a los demás con su quejadera continua en busca de otros quejosos que les sirvan de público y aplaudan su habilidad para quejarse y protestar (cosa falsa porque por lo general no le dicen nada a la gente del banco sino a los mismos clientes que no tienen nada que ver). Estos VPI que se quejan y quejan siempre están dispuestos e inclinados a buscar la amistad con cajeros o a hacer cualquier tipo de trampa para saltarse la cola. Una vez que logran ese objetivo se les olvida su anterior discurso de quejas constantes. El cliente que está molesto y es honesto realiza sus reclamos a la persona adecuada: el gerente o encargado, puede llegar a molestarse e incluso a subir la voz pero no toma como rehenes de oído a los otros clientes en cola, sino que dirige su protesta a quien debe ser. Hay otros practicantes de la quejadera que lo hacen sólo para cubrir una necesidad de afirmación en los demás que les permita subir un poco su ego necesitado de demostrar mayor valor. El problema no es quejarse sino saberlo hacer, hay que luchar por las cosas pero no para demostrar que “yo si soy arrecho y me hago escuchar” sino para lograr resultados beneficiosos para uno y para los demás en el mismo nivel. Fácil? No es fácil pero cada pasito en pro de mejorar las cosas para todos tiene un gran valor más allá de las ansias particulares de los “pecho e’ paloma” o “mujeres resteadas” que conforman la mayor parte de los VPI.
Por: David Herrera | En lugares públicos | Comentarios (1) | Referencias (1)
Soy un VPI con todas las de la Ley y de pana trato de hacerme pana de cualquier con tal de evitarme una cola a futuro.
Darío | 10-09-2005 23:14:39
URL para referencias o trackbacks
La quejadera: el verdadero deporte nacional « El Amargado | 2008-12-01 15:45:51
[...] quejadera en voz alta y sus barbaridades políticas dichas como verdades absolutas cuando no consistían sino en repeticiones de ?un fulano me dijo que??
En la punta de esas colas de banco sucede otro fenómeno muy peculiar, típic [...]