Pensamientos de un amargado en Caracas
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Lunes, 12 de septiembre de 2005

Otro fenómeno sociológico, mental y cultural digno de mencionarse es el de la puntualidad o quizá sea más correcto llamarlo la impuntualidad que nos define como sociedad. Somos impuntuales y vivimos con eso. Cuando vamos a algún evento la mayoría de nosotros calculamos que se va a atrasar unos 15, 20 o más minutos en comenzar y considerando el efecto de las colas en el camino llegamos justo…15, 20 o más minutos después de la hora pautada para el inicio. Esto lo hacemos de la forma más natural y es para nosotros de una cotidianidad alarmante. Tanto es así que para citar reuniones se suele convocar una media hora antes de la hora deseada para que “mientras llega la gente” no se haga luego más tarde y lo peor es que todos lo sabemos y todos igualmente lo hacemos. Conozco casos de héroes anónimos que sí cumplen su palabra cuando dicen que van a llegar a tal hora a un sitio pero son los seres más solitarios pues siempre les toca esperar a los demás…15, 20 o más minutos. Este es un mal de esos que los VPI e incluso los no VPI asumen que no se puede arreglar y por lo tanto no hacen nada para mejorarlo. Salvo en casos de obligación laboral o contractual uno siempre llega tarde. Las preguntas son: ¿Por qué? ¿por que lo hacemos?, ¿Qué ganamos con ello?...es más difícil detectar aquí un aire de superioridad sobre los demás por llegar tarde pues prácticamente TODOS lo hacen. Quizá la P2 si es más válida en este caso pues simplemente jugamos con el tiempo de los demás cuando llegamos tarde y no le damos el valor que merecen, es decir, colocamos nuestro tiempo sobre el de los demás sin importarnos mucho. Por otro lado quizá hacer el esfuerzo de tomar previsiones y factores de seguridad para llegar al menos 10 minutos antes de la hora al sitio pautado a lo mejor asumimos que como que es “mucho trabajo” (P3) y entonces dejamos que la cosa fluya y llegaremos cuando podamos “si no hay mucha cola”. Así nos movemos e indudablemente este tipo de actitud desgasta relaciones, retrasa intercambios de ideas, resta disfrute de espectáculos y trae muchos problemas de otra índole. Es como un virus silencioso que no duele pero hace el daño igualito. Si no me creen pregúntense ¿Cuántas veces han sido víctima de la impuntualidad?...aeropuertos, ministerios, bancos, aviones, reuniones, pagos, cajas, grupos musicales y un largísimo etc.
Por: David Herrera | En lo social | Comentarios (4) | Referencias (0)
Excelente blog, describes perfectamente lo que pienso cada vez que me enfrento a las situaciones qque describes, pero dime: has pensado en alguna solución? te limitas a describir el mal NADA MÁS? mi blog es para pensar las soluciones, espero escuchar propuestas. No me convence el limitarnos a decir: es la educación ,es la educación!. Sí, pero qué educación debemos dar para cambiar esto? no creo que la educación sea la única solución, ni siquiera la principal. Soy educador en la práctica y sé bien que se puede luchar porque lso chamos apendan algo, pero la calle, la familia y el Estado nos "friega" todo el trabajo. Escucho ideas.
Saludos,
te leeré cada vez que me conecte. SIGUE ADELANTE!!!
Profeballa | 14-09-2005 03:10:59
Felicitaciones, en parte espoy de acuerdo con Carlos, respecto a que tu forma de escribir y ovbiamente del análisis previo. No dejas nada que agregar.
Sin embargo, veo en el comentario que te hace, que toma la palabra "educación" como algo circunscrito exclusivamente al área docente o académica. Para mí la educación incluye forzosamente a esos factores que el considera que le "friegan el trabajo".
Te sigo leyendo a diario. Espero, al igual que Carlos que se puedan generar soluciones.
Saúl | 16-09-2005 12:32:34
Darío | 17-09-2005 05:46:40
Aunque lo has colocado en la sección "En lo social", yo lo vivo casi a diario con mi pareja: él es un impuntual consumado y yo soy una maniática del reloj (lo mantengo adelantado casi 20 minutos para no llegar tarde). Cuando él me dice: "Tengo que estar a las 7 en la oficina", yo madrugo para tener el tiempo de desayunar juntos y conversar un poco (además de calcular los trancones o tacos del tránsito). Él, sin embargo, se levanta muy campante cuando apenas le quedan 20 minutos para las 7 y me dice: "Oh, no te preocupes, no es TAN NECESARIO estar allá a las 7" y yo me muerdo los codos de la ira y de la angustia al pensar que su jefe pueda llamarle la atención o que por su "tranquilidad" esté incumpliendo con alguna de sus funciones.
¡La impuntualidad de otros me genera úlceras a mí!
Lylanda | 16-05-2006 02:07:24