Pensamientos de un amargado en Caracas
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Domingo, 22 de enero de 2006

He escuchado esta palabra, “ranchificar”, en muchas ocasiones y me mueven a reflexión debido a que su uso encierra varias trampas que hay que saber sortear. En primer lugar reconozcamos que según nuestra acepción superficial ranchificar significa “convertir un lugar bonito o bueno o una actitud bonita o una institución bonita en algo mamarracho, feo, ordinario y malo”, de allí que simplemente cuando vemos algún lugar público o alguna creación que se deteriora o es mediocre por alguna razón decimos que se está “ranchificando”. Ahora bien ranchificar también se puede definir como “llenar de ranchos” y entonces ¿Qué es un rancho?, pues un rancho es una construcción con materiales ligeros o de desecho que se hace una persona que decide vivir en alguno de los cinturones de miseria que rodea a alguna metrópoli y que no tiene recursos para alquilar un apartamento o ni siquiera una habitación o que por herencia decide vivir en el mismo lugar que sus familiares o que simplemente le da la gana de vivir en un barrio y hacerse un rancho. En fin. El punto es que cuando nos referimos a algún proceso de “ranchificación” lo hacemos con la intención de llamarlo ordinario y feo pensando en barrios y ranchos, es decir, de una vez se establece una relación directa entre lo que es ordinario y feo y lo que hay en un barrio y sus ranchos. La pregunta interesante es ¿Quién ranchifica?, ¿Quién o qué es responsable del fenómeno de la ranchificación?. El fenómeno de los cinturones de miseria, los cuales se forman alrededor de las grandes ciudades, tiene su origen en los cambios de tipos de economía y de actividad productiva lo cual obligó al principio a mucha gente de los campos a emigrar hacia la ciudad en busca de oportunidades. De allí que siempre ha existido e insisto, SIEMPRE, ha existido en nuestra ciudad un desprecio por quienes siendo del campo decidieron venir a nuestra ciudad a quitarno trabajo y como no pueden vivir a “nuestro nivel” viven en barrios y ranchos. Allí nace la idea de “ranchificar” como algo negativo e insultante. Luego los intrincados fenómenos sociales han venido marcando y remarcando esta diferenciación entre citadinos y habitantes de barrios como por ejemplo ocurrió con los “rockeros” de la ciudad y sobre todo del Este y los “salseros” del barrio sobre todo del Oeste. Claves sonoras de una diferenciación social que ha subyacido siempre allí. Aún hoy en día casi todos los citadinos cuando ven a alguien oyendo “salsa trancá” automáticamente lo clasifican como “rancho-habitante” o como habitante de algunas urbanizaciones que al entender del citadino han venido a sustituir el barrio formal. Estos habitantes de barrios han crecido tanto en número que prácticamente superan en cantidad a los citadinos, lo cual los convierte en dos cosas sumamente contraproducentes para ellos mismos: en compradores y en votantes. Ambas cosas han hecho que a lo largo de los años se les trate aún más como seres negativos, no pensantes y malos. Las campañas publicitarias con el fin de “llegarle” a esta gente hace que sus comerciales deformen el lenguaje, utilizan jerga extraña “supuestamente” como se usa en el barrio, modismos, etcétera con el fin de hacer penetrar el producto con mayor fuerza en el barrio. Esto, obviamente, perpetúa y propaga malos usos de la lengua, tipos de música muchas veces alienante y embrutecedor, tipos de vestimenta y en muchos casos hasta actitudes negativas (como ocurre con los terribles ejemplos que vemos en las novelas en donde se enseña a ser infiel, a ser violento, a ser borracho y a ser drogadicto, entre otras cosas). Ojo, eso no quiere decir que los citadinos estén exentos de este proceso deformante, hay un estudio realizado en la UCAB que demuestra que la escala de valores del estrato más pobre de la población venezolana es igual a la del estrato más rico, es decir: dejarle todo a las instituciones, no asumir responsabilidades, valorar más el consumismo que el trabajo, etc. De allí que teniendo un panorama con estas características resulta más complicado utilizar la palabra “ranchificar”. Luego los políticos de la vieja, adulta y joven guardia siempre han magnificado el hecho “ser pobre” atornillando en ellos la actitud de pedirle todo al gobierno, para utilizar sus carencias y necesidades como fuerza de voto para sus opciones. Sin embargo la realidad es han quedado sembrados por años en esta gente, promesas incumplidas y el reforzamiento (gracias a campañas publicitarias y electorales y también a nuestra programación televisiva) de las peores actitudes, del consumismo, de la banalización de los valores... ¿Quién ranchifica?, veamos a nuestro alrededor, veámonos a nosotros mismos antes de responder tan rápidamente a esta pregunta.
Por: David Herrera | Comentarios a comentarios | Comentarios (0) | Referencias (0)