Pensamientos de un amargado en Caracas
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Miércoles, 05 de abril de 2006

Anoche escuché y observé la noticia por TV: “Los mataron”. Y hoy me levanto con pesadumbre, tras una noche de dar vueltas en la cama, mirando a toda la gente en la calle, a los jóvenes, a los viejos, a los niños, con el dolor de confirmar una vez más que hay gente en este mundo con la capacidad de realizar un acto tan salvaje como el de dar muerte a otro ser humano y peor aún, a unos niños indefensos, a un hombre joven indefenso, simplemente por asuntos de dinero y negocio. Horrendo. Como las muchas muertes en nuestras barriadas, como las muchas muertes aún no explicadas que han ocurrido en nuestras tierras por tanto tiempo que nos han hecho un callo en el espíritu para poder soportarlo día a día. Aunque hoy ese callo se rompió y hablamos y escribimos con lágrimas pensando en las vidas que no podrán vivir esos niños y ese joven.
Yo procuro dirigir mi rabia hacia los asesinos, los materiales y los intelectuales. Eso de echarle la culpa al gobierno, pedir renuncias, hacer “meas culpas” a destiempo o pretender salvar la cosas “interviniendo policías” se lo dejo a otros. No perderé tiempo ni salud en eso.
Lo que si me mueve a reflexión y por eso escribo aún hoy es la postura facilista ante este hecho de llamar a reforzar policías y medidas de seguridad y controles y….mil medidas inmediatas de represión y control pero…detengámonos un momento a pensar antes de seguir con estas peticiones rabiosas.
En primer lugar les cito mis fuentes para que las vean: una es un capítulo de CSI en donde un pasajero se descontrola volviéndose agresivo en un avión en pleno vuelo debido a una irritación cerebral producida por la altura y es asesinado por varios pasajeros al mismo tiempo quienes lo linchan temerosos de que produzca una tragedia. Los CSI’s al final discuten sobre si ellos habrían hecho lo mismo, es decir, quizá hasta matar a quien amenace sus vidas en un vuelo pero resulta que su jefe les dice unas palabras que son en verdad una lección vital: “esta discusión está mala desde un principio pues todos ustedes están asumiendo ser alguno de los pasajeros y ninguno se pone en el lugar de la víctima. ¿Qué habría pasado si alguna persona le hubiese preguntado al individuo qué le pasaba y lo ayudaba con su malestar? Aquí no tendríamos un muerto y cinco asesinos”. ¿Que sustraigo de esas palabras?, pues que hoy estamos reclamando que haya más represión, más presencia policial, helicópteros, patrullas, etc.…y casi todos nos imaginamos a estos asesinos de los Faddoul como unos tipos mal encarados, con cara de matones, mal hablados, sucios, que viven en un rancho en algún cerro o en algún hueco…se nos dificulta creer que podría ser nuestro vecino o alguien que vive aquí al lado en una quinta, o en este edificio de esta urbanización…colocamos nuestros peores enemigos allá en donde vive el “perraje” pero…¿Qué tan cierto es eso? Entonces decimos “manden esos helicópteros pa’ los cerros”, “métanse para allá, agarren a los malandros allá…” ¿es que esos matones y criminales peligrosos sólo viven en los barrios? Esto me lleva a mi segunda fuente que les recomiendo ver: Ciudad de Dios (Cidade de Deus).
En el DVD original de esta película aparece un documental en el cual habla el jefe de la policía de Rio de Janeiro en Brasil y el admite: “claro que la policía tiene que ser corrupta, ninguno de los que viven en urbanizaciones de clase media o lujosas quiere que la policía meta sus narices en sus asuntos”, sus fiestas abusivas, sus drogas, sus tráficos, sus delitos menores o mayores. No. Para esta sociedad que reclama una policía eficiente y limpia eso significa “una policía que le caiga a tiros a los barrios, a los habitantes de los barrios, a los malandros de las barriadas…pero conmigo, que vivo en mi urbanización, ni te metas, no me fastidies…Esa diferenciación de mano de seda para unos y represión para los otros sólo se logra con una herramienta poderosa y sutil: la corrupción. ¿Cómo reaccionamos nosotros cuando vemos un fiscal en la calle dirigiendo el tránsito?, ¿Cuándo vemos una alcabala (de las de verdad)?, ¿Cuándo nos obligan por ley a hacer algo?, ¿Cuándo nos comemos una flecha o una luz y nos detiene un fiscal?, ¿Cómo reaccionamos? Entonces: ¿estamos dispuestos a pedir todo ese desborde policial aunque eso signifique que nos pidan la cédula con frecuencia, que no nos dejen manejar tomados, que nos paren en tres alcabalas antes de llegar a casa y tengamos un policía merodeando por mi calle cerrada las 24 horas del día sin dejarme hacer mis fiestas ruidosas, mis abusos como vecino o mis negocios medio “tramposillos”? En las respuestas a esto podemos comenzar a buscar la respuesta.
Triste día en verdad. Triste verdad también.
Por: David Herrera | Reflexiones... | Comentarios (1) | Referencias (0)