Pensamientos de un amargado en Caracas
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Viernes, 07 de julio de 2006

Me pasó en estos días yendo a buscar mi certificado para la fiebre amarilla en la dependencia del Ministerio de la Salud en La Urbina. Llegué a las 8:27 am y comencé a hacer una cola con 7 personas por delante. En las colas, tal como he comentado antes, los habitantes de las colas, es decir, esas personas quejonas o hablachentas que uno se encuentra en cualquier cola que haga en la ciudad, nunca faltan y esta vez no fue la excepción. Estuvo el señor con la queja (no exenta de razón) de que sólo había una persona atendiendo (señor, si usted va a hacer un trámite burocrático en este país no debería sorprenderle el hecho de que lo atienda el mínimo personal posible), los comentarios sobre los viajes a otros países en donde TODO es mejor que aquí…no digo que sea cierto o no pero lo que destaca es el hecho de decirlo en voz alta en plena cola mostrando una necesidad enfermiza de hablar porque sí buscando la aprobación en los demás casi siempre a través de la crítica destructiva o la burla denigrante con el concepto (muy del VPI) de que quien no piense de la misma forma es un equivocado.
Como tercer fenómeno interesante en esta cola de la cual fui protagonista, luego de tener unos 50 minutos de lento avance (gracias a dos cosas causas muy sencillas: primero la lentitud burocrática característica de cuanto organismo público uno visite y sobre todo los de salud y segundo la mala costumbre de los VPI de no leer las instrucciones para luego entonces hacerse o los distraídos o los gallitos peleones enfrentándose contra los empleados) llegó la esposa de uno de los que estaban en la cola y protestando por uno de los requisitos exigidos tuvo el brío de soltar esta perla: "…y esta gente creerá que uno pasa por este vía crucis por nada…". Y en ese instante me dije "esta señora que me cuente cual es su via crucis si acaba de llegar a la cola que le hizo el esposo y se va a ir en menos de 15 minutos cuando los demás ya vamos para la hora".
Esta VPI pura se fue del sitio a los 20 minutos pensando aún que había pasado por una terrible espera dejándonos a los demás rumbo a la hora y media (aunque por supuesto eso a ella ni le incumbió ni le incumbirá)
Por: David Herrera | En lugares públicos | Comentarios (1) | Referencias (0)
aiyana | 14-07-2006 13:59:49