Pensamientos de un amargado en Caracas
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Lunes, 20 de noviembre de 2006

Cuando nos ponemos a buscar el origen de las distorsiones que aquejan a nuestra sociedad enferma podemos encontrarnos con esa tendencia en la educación temprana a considerar como “cerebritos” o “nerditos” a quienes estudian mucho o se fajan mucho con la labor estudiantil.
Esta conducta de colocar remoquetes ofensivos o burlistas a quienes más dedicación le ponen al estudio, a medida que pasan los años se disfraza un poco pero siempre está allí, subyacente en la conciencia del colectivo como una regla no escrita de que quien estudia o trabaja mucho y se destaca pues merece el ataque, la burla o cuando menos la condescendiente actitud de “este es un pobre pendejo que trabaja como burrito para nada...”
Sin mencionar las dificultades que puedan existir en el país para obtener mejoras cónsonas con el nivel de esfuerzo que se dedique a cualquier actividad lo cierto es que esta actitud generalizada de desprecio al que mejora produce estudiantes y profesionales deformados moralmente hacia el facilismo, el ahorro de esfuerzos y las vías rápidas para evitar ser estigmatizados como bobos en una sociedad que soterradamente está esclavizada de prejuicios cuyo único efecto es retrasarla.
¿Ejemplos? Hay uno muy significativo y alarmante. Un amigo profesor fue hace varios años a dictar un seminario sobre comercio exterior en un país suramericano, hermano de Venezuela y en la ciudad en la cual le tocaba impartirlo se presentó un paro de transporte y protestas callejeras. El profesor llamó a uno de los alumnos y le dijo que lo lamentaba mucho pero que si no era esa semana perderían el seminario pues tenía que regresar a Venezuela. ¿Qué hicieron los alumnos?, se llamaron unos a otros, se pusieron de acuerdo y vieron el seminario con el profesor en el salón de fiestas del edificio de uno de ellos. Sólo dos faltaron.
En el IESA este profesor vino a dar el mismo seminario y el primer día de clase luego de media hora de espera sólo habían llegado 4 alumnos (de 30), estaba lloviendo. Cuando le preguntó a los alumnos que pasaría con el resto de la gente que no llegaba le contestaron: “debe ser por la lluvia...”
Por: David Herrera | Reflexiones... | Comentarios (4) | Referencias (0)
Primero que nada, esos apodos bastante que me los pusieron y me llamaban cuatro ojos, cuando era niño sufría un poco, de adolescente ya no tanto, pues podía ir a las casa de las chicas y sus madres siempre las dejaban solas conmigo pensando en que el crebrito es decente, pero la pasé muy bien. Ahora cuando miro a todos los que he podido, de aquella epóca que me insultaban, me doy cuenta que mi esfuerzo valió la pena y ellos serán siempre los mismos cortos de mente.
Bueno si el seminario era en día de semana, seguro que si llovía las colas eran insoportables, eso es lo lamentable de vivir en ciudad tan convulsionada como Caracas en su tráfico, pero si era un finde semana no hay excusa!
Trimardito | 20-11-2006 20:25:25
Amigo Trimardito:
Muchas gracias por tus comentario y visitas!
¿Peor una ciudad con colas insoportables que una ciudad con un paro de transporte y protestas callejeras?, digo, ¿puntualmente?. Creo que no y por eso lo notable del ejemplo que vivió en carne propia este profesor-empresario para ilustrar las diferentes actitudes ante el esfuerzo y sacrificios necesarios para educarse y mejorar.
Saludos!
Davidache | 21-11-2006 15:43:13
CRISTIAN | 24-02-2009 23:19:14
Cristian:
Efectivamente es un trato injusto e injustificado. En términos generales se trata de una tara de nuestra sociedad y cuidado si del ser humano per se: burlarse del distinto, por miedo, por complejo o por inmadurez.
Saludos,
Davidache
Davidache | 25-02-2009 14:40:39