Pensamientos de un amargado en Caracas
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Jueves, 04 de enero de 2007

Gracias a otro siempre interesante comentario de NBV en la entrada anterior podemos seguir desarrollando y discutiendo sobre este caso. Voy a continuar el tema tomando, con su permiso, las líneas de este visitante.
El televisor siempre lo puedes apagar, pero ¿cómo apagas la sed de control de un Estado una vez que la has echado a andar?
Yo prefiero apagar el televisor por mi cuenta, no que me lo apaguen a la mala.
Es así de simple.
Es cierto que siempre tu puedes apagar el televisor, pero, ¿quien tiene el criterio para decidir cuando apaga o no la TV?, ¿Quién tiene la capacidad en este momento para discernir la basura de los buenos contenidos, sobre todo cuando la basura es muchas veces subliminal?, ¿Cuántos tienen esa capacidad, mil personas?, ¿cinco mil personas?, ¿cien mil personas?, ¿y que pasa con los millones restantes? ¿Y los niños?
Afirmar eso es como decir “yo como sé controlar mi bebida entonces no importa que bombardeen a la gente con propagandas de consumo indiscriminado de alcohol y que pongan propagandas en las escuelas y hasta licorerías, no importa”…y luego vienen cientos de miles de alcohólicos destruyendo hogares o matando gente en las carreteras o con la violencia del drogado descontrolado.
Hace falta algo más.
Que RCTV fomenta antivalores... bueno, sí, es verdad, pero dime si los padres de familia no tienen algo qué decir al respecto. Hay gente que pretende que las estaciones de TV les eduquen a sus hijos. El colmo de la irresponsabilidad.
Los padres de familia seguramente tendrían algo que decir pero ¿cuanto le puedes pedir a generaciones de padres cuya única opción ha sido esa TV basura teniendo que conformarse con el facilismo de la novela truculenta, la transmisión deportiva mediocre, el programa de concursos banal, los programas cómicos chabacanos y el informativo amarillista?
Es fácil pedirles cuentas a estos padres, pero estos son a su vez también víctimas de años de la añagaza mediática que prefiere atontarlos antes que formarlos como masa crítica que pueda volverse en contra de ellos.
Que la programación es pésima... vaya, la pereza del televidente es inaudita: en lugar de movilizarse para que la programación mejore, prefiere sentarse a ver cómo Papá Estado castiga a las televisoras malas. Mala televisora, mala... te voy a acusar con Papá Estado.
Exactamente NBV, aquí tocas un punto vital: lo que llamas “la pereza del televidente”. Eso es fundamental y por años sabemos que estos televidentes que tú denominas “perezosos” y yo llamo “víctimas conformistas” NO SE MOVILIZAN. Primero porque no saben (o no sabían) como hacerlo, segundo porque les resulta más fácil quedarse a ver desde la comodidad de sus casas como papá estado resuelve o (pongámonos equilibrados) como papá medio se mete con papá estado para tumbarlo, y tercero porque han sido adoctrinados, atontados y acostumbrados a consumir la mediocridad televisiva día a día sin mayores filtros. Habría que comenzar por reconocer en masa que nuestra TV no sirve pero… ¿Sabes cuanta gente comparte conscientemente ese punto de vista?
Por otra parte esas mismas generaciones han sido llevadas, gracias a las actuaciones políticas, a pedirle todo a papá estado, a no buscar alcanzar los resultados comunitarios por esfuerzo propio, a no asumir responsabilidades, a sólo pensar por algunos y no por todos, a atacar o desconfiar de los esfuerzos exitosos. Todo eso ha sido reforzado por nuestras televisoras y han producido esos VPI que tanto menciono en esta bitácora.
Preguntémonos algo: ¿si no es el estado con su poder (sea que abuse o no de él) cual es la posibilidad que tiene un grupo de ciudadanos que reúna firmas de cambiar la programación de un canal, de enfrentarse exitosamente a una empresa como 1BC? Esas empresas sólo cambian, o al menos ha sido así hasta ahora, cuando les da la gana. Y si no les conviene el cambio pues lanzan una campaña de desprestigio contra quien lo promueva. Ahora, esta polémica debería servir para despertar la conciencia colectiva y exigir una TV de altura en lugar de simplemente atrincherarse para atacar una vez más al gobierno. Es una buena oportunidad, no debería desperdiciarse.
Finalmente los gobiernos (y este no es la excepción) se pueden cambiar presentándole al pueblo que vota proyectos alternativos viables, infundiendo confianza y unión, hablando con la verdad y promoviendo la construcción de modelos pensados para todos y no para unos cuantos, ahora, en el sistema democrático hay que aceptar que un tiempo gobernará el grupo que apoyamos y en otro tiempo gobernará el grupo al cual nos oponemos. Está en cada quien aceptar o no esta realidad política.
Muchas gracias una vez más. Seguiremos intercambiando.
Por: David Herrera | En la TV | Comentarios (0) | Referencias (0)